Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  


En el Perú el teatro es tan antiguo como sus primeros pobladores. Baste observar los ceramios Nazca y Mochica y los famosos huacos retrato. Durante este periodo pareciera predominar un teatro de celebración, ejecutado con música, danza y máscaras. Teatralidad total que ha continuado en las danzas folclóricas que constituyen, en cierto modo, la forma más original que tenemos de hacer teatro los peruanos y, como tal, nuestro aporte formal al teatro universal. Sin embargo, es Garcilaso de la Vega quien en Comentarios Reales nos refiere el primer testimonio escrito del teatro en la antigüedad precolombina.

Podría tomarse como referencia supérstite de este teatro los dramas escritos en quechua. Pero, no debe llevarnos a equívocos esta fácil comprobación. La estructura de "Ollantay" corresponde al drama español y la presencia del "gracioso", típico personaje de la comedia hispana no deja lugar a dudas. Inclusive el valor del honor que se plantea en la obra no corresponde a la idiosincrasia del pueblo quechua donde la figura del Inca era poco menos que sagrada. Sin embargo esta posición no es compartida por otros estudiosos que ven en las acciones de los personajes y el proceso de la acción claros testimonios de la visión del mundo que tuvo el pueblo del Tawantinsuyo. La versión más conocida es la del clérigo de Sicuani Antonio Valdez, copiada por Justo Justiniani.

De los dramas en quechua, que se han seguido haciendo hasta el siglo XX, mencionaremos: Yauri Tito Inca o El pobre más rico , Usca Páucar, El Hijo Pródigo, de Juan Espinoza Medrano; y La Tragedia del Fin de Atau Walpa, importante testimonio de la visión de los vencidos. Durante la república, el autor más conspicuo del drama es Inocencio Mamani, miembro del grupo puneño ultraorbicista que liderara Gamaliel Churata. El Tucuipac Munashcan, de Mamani fue comentado en Amauta, de José Carlos Mariátegui

La llegada de los españoles trunca cualquier desarrollo ulterior de esta línea teatral e inscribe el proceso histórico de nuestro teatro en la corriente del drama español. Como es lógico, la vida teatral colonial copia los modelos impuestos por la península.

No obstante, una cierta constante satírica trata de expresar con originalidad el pensamiento local. Uno de sus representantes Fray Francisco del Castillo, llamado ´El ciego de la Merced´ lo expresa así en La Farsa del Justicia y Litigantes breve pieza que describe con humor las querellas de demandantes y demandados y los consabidos arreglos judiciales. Y otro tanto sucede con los ágiles entremeses y fines de fiesta de comedias que escribe Pedro Peralta y Barnuevo, donde desfilan personajes prototípicos de la época y en cuyo estilo se vislumbra ya una de las líneas principales de la dramaturgia peruana, la crítica y sátira de las costumbres.

A Guillermo Ugarte Chamorro, investigador de nuestro pasado teatral, le debemos la noticia de dos obras escritas por virreyes. Una nada menos que de Manuel Amat y Juniet , especialmente para Micaela Villegas; y la otra, del virrey Marqués de Castell dos Rius, con ocasión de celebrarse el nacimiento del príncipe de Asturias , futuro Luis I de España, titulada El Mejor Escudo de Perseo, llamada por su autor ´comedia armónica´, por llevar intercalados algunos números musicales, fue estrenada el 17 de setiembre de 1708. Sin embargo, Guillermo Lohman Villena en El arte dramático en Lima durante el virreinato lamenta no haber podido ubicar el manuscrito.

Posiblemente el personaje más famoso del teatro en el período hispánico es Micaela Villegas, actriz huanuqueña, conocida por la Perricholi. Amante del virrey Amat, su aureola de leyenda recibió el homenaje del francés Próspero Merimée quien en 1829 escribe La Carroza del Santo Sacramento donde la trata como una mujer ingeniosa, sensible y nada superficial. En la portada del primer número de la Revista Escena, de Abril de 1953 aparecían los protagonistas de su estreno en Lima, Elva Alcandré (Micaela) y Carlos Velásquez (Virrey Amat).

Alonso de Ávila y María del Castillo, ´La Empedradora´, construyen y administran el Corral de Comedias (1615), posteriormente reemplazado por el Coliseo de Comedias, y luego del terremoto de 1746 el Teatro de Lima (1749). Allí. Rosa Merino entonó por vez primera el Himno Nacional del Perú, el 20 de Setiembre de 1821.
   


Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  


La primera obra del Perú Independiente es Los Patriotas de Lima en la noche feliz, estrenada el 1 de Agosto de 1821.

Labor significativa le cupo en los albores de la república a don Félix Devoti, Censor y Director del Teatro de Lima. Una de sus más importantes sugerencias en pro de la dignificación del Teatro Nacional fue la que motivó que el 31 de Diciembre de 1821 el Protector del Perú, Don José de San Martín hiciese oficial que. El arte escénico no irroga infamia al que lo profesa; los que ejerzan este arte en el Perú podrán optar a los empleos públicos y serán considerados en la sociedad según la regularidad de sus costumbres, y a proporción de los talentos que posean; los cómicos que por sus vicios degradaran la profesión , serán separados de ella.

En el siglo XIX y principios del XX se mantendrá una gran afición por el teatro en Lima. No sólo por asistir a los teatros sino por la realización de representaciones caseras con ocasión de las tertulias familiares.

El Costumbrismo de Manuel Ascencio Segura y Felipe Pardo y Aliaga
La búsqueda de un tono local que no duplicase el teatro de aliento peninsular heredado de la colonia y el desarrollo de la comedia de costumbres, dará paso al Costumbrismo teatral peruano de Felipe Pardo y Aliaga y de Manuel Ascencio Segura, aceptados como nuestros clásicos. Sus enfoques críticos de la vida nacional corresponden a dos orientaciones que reflejan en cierto grado la extracción social y procedencia de los dos autores.

Felipe Pardo y Aliaga (Lima 1806-id. 1868), educado en España con Alberto Lista, y de ideas conservadoras. En Frutos de la Educación (1828) revela, a través de una intriga central de corte galante, los intereses económicos y los prejuicios culturales y de identidad en la naciente república así como una clara censura al mestizaje y a la relación entre grupos sociales. En Una huérfana en Chorrillos y en Don Leocadio y Aniversario de Ayacucho, escritas cinco años después insistirá sobre la necesidad de ver con ojos progresistas la vida nacional. Un artículo periodístico escrito con ocasión de su partida a Santiago de Chile, Un Viaje, ha merecido interpretaciones unipersonales como la del gran actor peruano Carlos Velásquez, que creara un Niño Goyito inolvidable, en la década del cincuenta.

Manuel Ascencio Segura y Cordero (Lima 1805-id. 1871), ex Sargento Mayor del ejército patriota, luego de integrar la facción realista hasta la batalla de Ayacucho, nos brindará un teatro de corte diferente. Inscrito en la mejor tradición de la sátira y la crítica criollas. Aunque cultivó el teatro histórico, son sus comedias las que lo han consagrado como el "Padre del teatro peruano". En sus obras El Sargento Canuto(1839), La saya y el manto, La moza mala, Ña Catita (1856) , Un Juguete, El Santo de Panchita (escrita con don Ricardo Palma), Las Tres Viudas (1862), Lances de Amancaes, El Cachaspari, desfilan costumbres y personajes populares y de la clase media de una Lima todavía provinciana y no tan santa, en la que alternan prejuicios, intereses mezquinos, una visión extranjerizante, la prepotencia militar y la hipocresía, en el marco de la sana alegría de nuestras fiestas populares. El Sargento Canuto se inscribe en la mejor tradición de la comedia de crítica a las profesiones como el Pirgopolinices de El Soldado Fanfarrón, de Plauto. Ña Catita, recuerda a la trotaconventos de la tradición hispana.

Otro escritor importante de este período es Juan de Arona (1839-1895), seudónimo de Pedro Paz Soldán y Un
ánue. Son obras suyas El Intrigante Castigado (1867), Más menos y ni más ni menos (1870), mimeografiadas por el Servicio de Publicaciones de la Escuela Nacional de Arte Escénico. De Abelardo Gamarra, el Tunante (1850-1924) este servicio publicaría Ir por lana y salir trasquilado o Casas del tiempo (1892). Del dramaturgo e historiador Manuel Moncloa y Covarrubias, Cloamón (1859-1911), se publicó su informe sobre El Teatro en Lima (1909). A este autor debemos las principales investigaciones teatrales sobre el teatro finisecular del XIX y albores del Siglo XX hasta 1910: De Telón Adentro (1891), Diccionario Teatral del Perú (1905) y Mujeres de Teatro (1910).

El costumbrismo continuará teniendo cultores durante el siglo XX. Algunas obras de Sebastián Salazar Bondy podrían incluirse en esta lista como Dos Viejas van por la Calle, El Fabricante de Deudas, Ifigenia en el Mercado y La Escuela de los Chismes.
   


Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  


A pesar de la lamentación de Juan de Arona a fines del siglo (1891) "¡Los teatros se mueren! ¡Los teatros han muerto! referida al mal estado de las salas teatrales y la falta de animación de la vida teatral limeña, lo cierto es que, durante las cuatro primeras décadas del siglo, en Lima se mantiene una actividad teatral continua.

Leonidas Yerovi (1881-1917) a caballo entre dos siglos, encuentra el tono apropiado para hablar de nuestra realidad. La de cuatro mil, La Salsa Roja, Domingo Siete, muestran con gracejo y excelente humor las limitaciones provincianas de una Lima que no acaba de crecer y que vive pendiente de la suerte, porque "el suertero que grita ´la de a mil´ contiene no sé qué fondo de Dios". En La de cuatro mil, hay una sutil confrontación de la actitud masculina con la femenina y el esfuerzo provinciano de crecimiento expresado por las dos mujeres de la obra. Escrita en verso fluido, ha merecido innumerables puestas en escena hasta la fecha en nuestro país.

Inclusive, durante el periodo de la guerra con Chile, en 1880 se estrenó, Muerto en Vida, de Eloy P Buxó, a beneficio de los militares heridos en la Batalla de Arica. Otro autor muy popular es el ya mencionado Abelardo Gamarra, autor de Ña Codeo (1887), de corte costumbrista . De su tema se puede deducir interesantes conclusiones sobre la situación de la mujer y la situación económica de la clase media. Carlos Germán Amezaga (1862-1906) en Sofía Perowskaia se aparta de la línea costumbrista y su obra se desarrolla en Rusia, donde Sofía se adscribe al espíritu revolucionario por amor y acepta morir por ello en actitud típicamente romántica.

Abraham Valdelomar (1888-1919) intenta un teatro más profundo que aborde la complejidad del alma humana y la vida social, en Verdolaga, tragedia pastoril en tres actos. Otro autor cuyas obras aluden a las limitaciones culturales del medio es José Chioino. Escribe Petronio (1923), La propia comedia, donde juega con los diversos puntos de vista desde los cuales puede ser juzgada la realidad. Acorde con las intenciones intelectuales de este grupo de escritores Ricardo Peña ofrece en Bandolero Niño (1935) un diseño poético del bandolero Luis Pardo.

En varios locales establecidos se presenta regularmente compañías encabezadas por actores peruanos que también hacen giras a provincias. Caracteriza este periodo la presencia de capo cómicos o divos, que se unen entre ellos y forman familias teatrales, otros se proyectan al extranjero y se desarrollan lejos del país.

El Romanticismo Teatral no llegará a tener fuerza y continuará primando el costumbrismo; el repertorio se nutrirá de sainetes españoles adaptados a la vida nacional, llegando algunos actores a crear personajes populares. Un hecho especialmente notorio es la existencia de compañías de niños como la de Baronti en 1902 y la de los Hermanos Gassols, en 1935.

Aunque nos visitan compañías extranjeras, todavía domina la escena nacional el estilo español de actuación y hay muy poca presencia de dramaturgos de otras lenguas. El público prefiere la comedia ligera, la zarzuela y la opereta.

Demetrio Baronti, industrial propietario de la fábrica de chocolates y galletas El Gallo organiza con niños de diferentes barrios de Lima, una Compañía Infantil. Lo importante de esta iniciativa que realizó con los talentos infantiles giras a provincias del norte del país, es que muchos de sus integrantes serían los animadores del teatro de divos de los años siguientes como Luis Canessa Mendieta, Eloy Corcuera y Carlos Rodrigo; este último gran imitador de personajes populares; Rogel Retes, que continuó hasta Santiago de Chile y se instaló en ese país. Por su interpretación del "roto" es considerado uno de los fundadores del teatro chileno. Otro gran actor peruano que triunfó en Chile fue el inolvidable Lucho Córdova que alternó su vida teatral realizando temporadas regulares a teatro lleno en Lima, con su esposa Olvido Leguía.

Durante el oncenio, el presidente Augusto B. Leguía dio su apoyo para que el alcalde de Lima, don Federico Elguera, con miras a las celebraciones del Centenario de la Independencia Nacional, reconstruyera el Teatro Principal incendiado en 1883. El 14 de Febrero de 1909 se inauguró como Teatro Municipal, con la presentación de la Compañía María Guerrero- Fernando Díaz de Mendoza. En 1929 pasó a llamarse Teatro Manuel A, Segura. En Chorrillos funcionó el Teatro Marchetti (1869). Otras salas que funcionaron fueron el Forero, inaugurado en 1920 en los terrenos del antiguo Olimpo, y que en 1929 pasó a ser el actualmente incendiado Teatro Municipal. Otro local famoso es el Politeama, donde en 1886 se presentó la famosísima diva Sara Bernhardt. En el Delicias (1910) de los Barrios Altos se representó teatro chino. En la Plaza Italia estaba el Mazzi (1911). En 1914 se inauguró el Teatro Colón de la Plaza San Martín) y también hubieron locales en el Callao.

Como demostración de la inusitada preferencia del público limeño por la zarzuela Ricardo Chirre Danós alcanza las 300 representaciones con Lima en Kodak, una revista musical en el Teatro Colón. Ángela Járquez, Ernestina Zamorano y Antonia Puro destacan en este singular espectáculo que encandiló a los limeños durante un año.

Eckhardt Pastor, que funda la Sociedad Peruana de Actores y dona un espacio en Chaclacayo para ¨La Casa del Artista¨, actualmente en triste abandono. Su obra, Del 96 al 36, estrenada por Lucho Córdova con el entremés criollo Vamos a Seguirla, entre el primer y segundo actos, muestra una Lima que se iba y que hoy finalmente se fue del todo. En las evocaciones de los criollos finiseculares frente a las exigencias de los nuevos tiempos hay una visión idílica del pasado que es reveladora de cuánto puede ser un lastre el falso romanticismo y el poco pragmático deseo de anclar en el pasado.

Por estos años, envía artículos sobre el teatro europeo, César Vallejo (1892-1938). Escribe en Francia obras de teatro, cuya representación propone a actores como Louis Jouvet, y en sus textos teóricos plantea puntos de vista sobre la renovación teatral europea en el lejano París. Algunas de estas obras, de contenido político, nos remiten a la realidad nacional como Colacho, hermanos (1934), de argumento basado en su novela Tungsteno, y La Piedra cansada (1937), que se desarrolla en el incario. Hasta la fecha no podemos hablar de una influencia del teatro de Vallejo en la escena peruana.

El teatro de los obreros anarco sindicalistas
Habíamos pasado por la Gran Guerra sin reaccionar a las exigencias del nuevo siglo y nos encontrábamos ya en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial. Mientras España se desangraba, únicamente los obreros del teatro anarco-sindicalista representaban a Enrique Ibsen en Lima. Debemos al profesor Rafael Hernández un breve estudio sobre este fecundo movimiento, que no ha sido suficientemente investigado.
   


Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  

Al culminar la década del 30 y con la Segunda Guerra Mundial llegan nuevos autores no españoles a nuestra escena, como el italiano Luigi Pirandello, y el norteamericano Eugenio O´Neill. La década del 40 será la del declinar del teatro de divos y la de la afirmación del teatro de arte practicado por los grupos independientes.

A este periodo que llena treinta años de actividad teatral se le podría denominar de los grupos de teatro de arte, ya que se forjó como reacción al teatro de obras intrascendentes o que trataban de imitar las formas hispanas que hacían los divos. Estos grupos intentaron renovar e incrementar el contingente de aficionados al buen teatro, de educar al público y de llegar a la población en general con las mejores obras de la literatura dramática universal. También se buscó dignificar la profesión del actor creando una mística de trabajo serio y humilde al servicio de la escena y del público espectador. Pero, su mayor mérito estuvo en la búsqueda de una dramaturgia nacional.

La primera expresión de este movimiento fue la fundación, por Alejandro, Aurelio y Elvira Miró Quesada, Rosa Graña, Manuel Solari Swayne, Percy Gibson, Ricardo Grau, Alberto Wagner de Reina, Enrique Peña Osores y Carlos Raygada, de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) en Junio de 1938, en el 510 de la calle Espaderos. Posteriormente la AAA ocuparía un local permanente en el Jirón Ica 323. Son muchos los hitos que, en el crecimiento del teatro nacional, corresponden a la AAA. Mencionaremos en especial el empleo estético de los espacios abiertos: como el atrio de la Catedral de Lima o de la Iglesia de San Francisco y la Quinta de Presa, El artífice de estos espectaculares montajes que apuntaban a la estética del teatro de masas de Max Reinhardt fue el notable director Ricardo Roca Rey. A él se debe la puesta de El Gran Teatro del Mundo, de Calderón de la Barca, en la Plaza de Armas de Lima; y de La Muerte de Atahualpa, de Bernardo Roca Rey, en las ruinas de Puruchuco. Otro ciclo inolvidable y aleccionador fue el dedicado al teatro griego. Grandes actores como Luis Álvarez, Jorge Montoro, Pablo Fernández integraron el elenco de la AAA, cuyos montajes siempre fueron garantía de alta calidad. En ellos se dio a conocer un joven actor muy disciplinado y de gratísima figura, Ricardo Blume Traverso. La seriedad y nivel de exigencia aprendido en la AAA fue inculcado por Ricardo Blume a sus alumnos, cuando se le encargó la reapertura del teatro de la Universidad Católica.

Don Ricardo Roca Rey solía decir: "Para forjar un teatro nacional debemos poner y poner en escena las obras de nuestros autores". Y, cumpliendo lo dicho representó las creaciones de Juan Ríos Rey, Enrique Solari Swayne, dos de los más significativos dramaturgos del periodo. La AAA también hizo un excelente teatro para niños.

Otro gran impulsor en la búsqueda de un teatro de arte es don Manuel Beltroy, profesor universitario que crea el Teatro Universitario de San Marcos que presenta su primer espectáculo, El Emperador Jones, de Eugenio O´Neill, el 5 de Julio de 1941 en el Teatro Segura, bajo la dirección del argentino Hugo D´Avieri. Posteriormente, en Octubre de 1945, en el local del Instituto Bach de la 4ta. cuadra del Jirón Junín en Lima, el doctor Manuel Beltroy reúne a algunos actores y forma a su retorno de Argentina, El Teatro del Pueblo. El 3 de Octubre de 1945 realiza la primera función en el Teatro Ritz de la avenida Alfonso Ugarte, ofreciendo: Un Duelo , de Antón Chejov; Limones de Sicilia , de Luigi Pirandello; y Así que pasen cinco años , de Federico García Lorca. Integraban el elenco entre otros Luis Álvarez y Jorge Montoro. Igualmente cultivaron el Teatro para Niños.

El año 45 es especialmente significativo para la historia del teatro peruano porque en ese año el actor Carlos Revolledo funda el Sindicato de Actores del Perú (SAP), el 13 de Octubre de 1945, y don Jorge Basadre, entonces Ministro de Educación, promueve la Ley de Fomento al Teatro que crearía la Compañía Nacional de Comedias (CNC), la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE) y los Concursos Nacionales de Teatro Escolar, de Drama y de Comedia.

Don Jorge Basadre, Ministro de Educación durante el periodo presidencial de Don José Luis Bustamante y Rivero cuenta en su libro autobiográfico La Vida y la Historia : "Uno de los decretos que más me enorgullece cuando recuerdo mi breve y frustrada labor ministerial de 1945 es el que colocó al teatro bajo la protección del Estado. También aquí sólo puedo jactarme apenas de haber sembrado unas semillas. De ellas salieron el Departamento de Teatro, la Escuela Nacional de Arte Escénico y la Compañía Nacional de Teatro.

La primera obra premiada en teatro escolar fue Los héroes y Grau, de Adolfo Chipoco Malmborg. Juan Ríos Rey obtuvo el premio de drama por Don Quijote; y Percy Gibson Parra el de comedia por Esa Luna que Empieza.

Edmundo Barbero, actor que había llegado con la compañía de Margarita Xirgu, dirige la primera temporada, en el Teatro Segura, y lleva a escena Olaya o El Barquero y el Virrey, de Manuel Nicolás Corpancho, con escenografía y vestuario diseñados por Santiago Ontañón. El personaje de Olaya fue representado por Aquiles Guerrero. También se estrena Esa luna que empieza, El Hechizo, de Antenor Samaniego y El Demonio de la Guarda, de Ricardo Villarán. En la segunda temporada se presentó Amor, gran laberinto, de Sebastián Salazar Bondy. Las temporadas de la CNC llenaron la década del cincuenta. Los Concursos se mantuvieron más o menos el mismo tiempo.

Reynaldo D'Amore Black, joven teatrista argentino que había viajado como becario a la ENAE funda en 1953 el Club de Teatro de Lima. En un comienzo funcionó en el sótano del famoso Negro-Negro y posteriormente se trasladó al sótano de la Maison de France. Fiel a la tradición actualmente también funciona en un sótano en 28 de Julio en Miraflores, lugar al que emigró en la década del ochenta. En el Club de Teatro de Lima se presentaron obras de vanguardia, se hizo teatro circular, se propició la formación permanente de actores y del público aficionado. La trascendencia de la labor del Club de Teatro en pro del teatro peruano se expresa por los actores y actrices egresados de sus filas. También hizo Teatro para Niños.

En 1957, año de la cancelación de la Escuela Nacional de Arte Escénico, como patente demostración de la trascendencia de su labor un grupo de egresados y profesores funda Histrión, teatro de arte. El grupo lo conformaron Carlos Gassols, Lucía Irurita, Haydée Orihuela, Michel Morante, los hermanos Tulio, José y Carlos Velásquez y con el tiempo se sumarían Mario y su primo y gran realizador Virgilio. Funcionó desde el comienzo en su local de Pasaje García Calderón 170. A Histrión se debe el esfuerzo sostenido por llevar el teatro a los pueblos. para el efecto habilitó un escenario ambulante con el que presentó obras como Un enemigo del Pueblo, de Enrique Ibsen en la Plaza Principal de Chincha. Igualmente preocupado por la creación de un teatro peruano estrenó las obras principales de Sebastián Salazar Bondy, de Grégor Díaz, de Juan Rivera Saavedra, de Estela Luna, de Rafael del Carpio, de Julio Ramón Ribeyro y de José Schultz. Realizó en 1962 una gira a Santiago de Chile donde alcanzó notable éxito presentando Santiago, el pajarero, El Fabricante de Deudas y La Chicha está Fermentando. A este grupo correspondió la última representación importante del Teatro de Arte: Asesinato y Persecución de Jean Paul Marat representado por los locos del manicomio de Charenton dirigidos por el marqués de Sade, de Peter Weiss, en el Teatro Segura, dirigidos por Sergio Arrau y protagonizada por José Velásquez (Sade) y Ernesto Ráez (Marat) y un numeroso elenco que actuó a teatro lleno una larga temporada.

Pero los nuevos tiempos, en un Perú agitado por las guerrillas, con un gobierno militar reformista luego de 1968 reclamaba un teatro que los grupos de arte no aportaron ni las compañías como la de Lucía Irurita o la de Alfredo Bouroncle, dando paso al teatro de grupos que se gestaría en la década del setenta, a partir de inquietudes juveniles, por lo que se dejó desamparada la escena nacional y el escaso público derivó hacia las compañías de teatro ligero y comercial como las de José y Lola Vilar y posteriormente la de Osvaldo Cattone.

Los grupos señeros: Histrión, teatro de arte; Asociación de Artistas Aficionados (AAA) y Club de Teatro de Lima, dan paso a nuevas agrupaciones. Y, la mínima lista de dramaturgos conformada por : Juan Ríos Rey, Enrique Solari Swayne y Sebastián Salazar Bondy, se va a incrementar. Así mismo la presencia de las provincias tiene un mayor peso al punto de que ya es posible hablar después de la década del setenta de un Movimiento Teatral Peruano.

      



Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  

 

En la década del cincuenta comencé a participar activamente de la vida teatral porque tuve de maestro de teatro en Secundaria a Luis Álvarez que me invitó a formar parte del inmenso coro de mendigos de El Gran Teatro del Mundo que dirigiera Don Ricardo Roca Rey en el atrio de la Catedral de Lima con la interpretación de Elvira Travesí, Hugo Guerrero, Pablo Fernández, Jorge Montoro, Luis Álvarez. Asistí a las funciones que daba la ENAE en su Teatrín del Pasaje García Calderón, gracias a la iniciativa del doctor Jorge Velit que era mi profesor de castellano en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Allí vi: Un Día de Octubre, de Kayser, con las actuaciones de Tula Pesantes, Carlos Velásquez y Hudson Valdivia. Pago Diferido, con José Velásquez y Lucía Irurita; El Hombre de la Flor en la Boca, de Luigi Pirandello, con José Velásquez y Carlos Gassols. Y un trío de actores para la historia interpretando para el recuerdo de toda una vida El de la Valija, de Sebastián Salazar Bondy: José y Carlos Velásquez y Carlos Gassols. Hasta hace algunos años guardaba los cuadernos con las tareas de apreciación que nos mandaba hacer el profesor Velit, a quien volví a ver como catedrático de la UNM de San Marcos y en la ENAE, por supuesto. Me fascinó el tema de Llegaron a una Ciudad, de Priestley presentada en la temporada de verano en la Concha Acústica del Campo de Marte, dirigida por Luis Álvarez.


No fue raro que, egresado de secundaria y cachimbo de medicina en San Marcos, me sometiera al examen de ingreso a la ENAE. Este examen era de un ritual, a mi parecer, más riguroso que el que había superado en San Marcos, en la época en que los exámenes de ingreso a la universidad eran escrito y oral. El de la ENAE era exclusivamente oral. Nos hacían recitar el poema "El grillo", interpretar el prólogo de "Los Intereses Creados", de Jacinto Benavente y nos sometían a un amable interrogatorio sobre nuestra experiencia teatral previa. Experiencia de espectador que yo tenía desde hacía ocho años para entonces.

La carrera se hacía en tres años. Las clases eran de Lunes a Viernes de 6 a 9 de la noche, los sábados de 3 a 6 de la tarde y los domingos de 9 a 12 de la mañana. No se descansaba un solo día, y no se tenía prácticamente vacaciones porque a los exámenes de Diciembre seguían los ensayos de la temporada de verano en la Concha Acústica del Campo de Marte, a la que ser llamado era un honor. Mención especial merecen los exámenes igualmente rigurosos, para los cuales los alumnos preparábamos escenas seleccionadas. El pleno de profesores evaluaba estas performances en las que aplicábamos lo aprendido en el año.


Nos formaron como sólidos hombres de teatro. El doctor Rubén Lingán fue nuestro profesor de Historia del Teatro, el doctor Velit era el responsable de nuestra dicción y en Actuación del Primer Año habían dos talleres obligatorios. En uno enseñaba José Velásquez, muy preocupado del análisis y del buen decir del texto. Ensayábamos diálogos, monólogos, escenas de conjunto, fragmentos memorables del repertorio universal tanto en comedia como en drama. En el otro taller enseñaba Sergio Arrau. Chileno de sólida formación y de desbordante imaginación que estimulaba nuestra capacidad de improvisación siguiendo lineamientos meyerholdianos y de la comedia del arte, pero en el estilo Arrau, pleno de alegría y vitalidad. Confrontábamos así dos maneras de abordar el teatro. la una refinada y medida, centrada en la expresión oral; y la otra jocunda y desbordante, muy preocupada de la expresión corporal. Ésta fue una feliz conjunción. Carlos Gassols era profesor de maquillaje. Todos los demás recursos del teatro los aprendíamos en las prácticas de boletería, recepción, limpieza del escenario y de la sala, armado y pintado de las escenografías. En iluminación colaborábamos con Don Carlos Velásquez que había llegado a la ENAE como luminotécnico y, como decía Don Samuel Montesinos, conserje de la institución: "Un día Don Carlitos se cayó de la torre de iluminación a la escena y de allí nadie lo movió". El dominio de la tecnología teatral era completo en Carlos Velásquez. De él aprendimos todos. Inclusive técnicas dramatúrgicas, que concretó en La chicha está fermentando, que Rafael Del Carpio escribió a partir de una radio teatralización del cuento La Viuda, de Porfirio Meneses. Pero el verdadero autor de la teatralización fue Carlos, que también dirigió la puesta en escena en el grupo Histrión. En los años siguientes gocé de la docencia de Luis Álvarez, siempre muy bien documentado y de Don Leonardo Arrieta, actor de notable trayectoria, formado en tablas. Hablar de la ENAE de entonces y no mencionar a Rosita Carnero es mutilar el más amable recuerdo. Ponderada y laboriosa, de impecable mecanografiado que hizo famosas las ediciones del Departamento de Publicaciones de la ENAE. trabajos que mimeografiaba con pulcritud Don Samuel Montesinos. El archivo de esta valiosa documentación se mantuvo incólume y ordenado mientras Don Samuel laboró en las instituciones que continuaron a la ENAE. Aunque muy jóvenes pertenecen a esta generación los "Kelly", Ricardo y Daniel Elías que se desempeñaron en el área de administración e iluminación.


El equipo de alumnos era también muy estimulante. Había gente de toda edad. Desde los menores de veinte, como yo, hasta los mayores de cuarenta. Esto permitía alternar con variados niveles de experiencia vital. Cómo no recordar los balbuceos intensos de Alfredo Bouroncle, que llegaría a ser un gran actor, la bellísima voz y varonil prestancia de Estenio Vargas, de peligrosa presencia en las clases de dicción porque les quitaba el aliento a nuestras jóvenes compañeras. La fina sensibilidad de Ina Duval, que es el nombre con el que actuaba Ina Barúa, por razones familiares, la sólida presencia escénica de Pericles Cáceres, la propiedad y señorío de Helena Huambos, la parsimonia y seguridad de Percy Mejía, la mesura de Juan Romero Sovero, que luego se dedicó a ser profesor de modelaje, y la fuerza de Rubén Martorell Ellos conformaron una promoción anterior a la mía, que fue la última de la ENAE. Los egresados formaron la Organización Teatral Harpejio, nombre concebido con las iniciales de sus nombres Helena, Alfredo, Rubén, Pericles, Estenio, Juan, Ina y la O de Organización Teatral. Harpejio animó la escasa vida teatral limeña de fines de los cincuenta, de la que participaban la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) y el Club de Teatro de Lima, instituciones dirigidas por dos grandes maestros del teatro peruano Ricardo Roca Rey y Reynaldo D'Amore Black, respectivamente. En 1957, de los noventa que ingresamos, egresamos siete, de los cuales sólo continuamos en el teatro César Urueta, que llegó a ser Secretario General del Sindicato de Artistas del Perú y luchador incansable hasta el día de su muerte, por la Ley del Artista, Alicia Paredes, César Príncipe y quien hace públicos estos recuerdos, como suplemento memorístico de esta breve historia del teatro peruano.


Las evocaciones aquí consignadas fueron escritas cuando el talentoso y muy estudioso joven actor de gentil presencia Ricardo Blume Traverso viajó a España de donde retornó para ser maestro de buen temple y sembrador de fecundas cosechas. Ricardo Blume, peruano de extensas raíces que aún en la lejanía de su afincamiento en México, sigue pensando, meditando y preocupándose por esta dolorosa patria nuestra gobernada por la prepotencia, el temor reverencial, la calumnia, la desinformación y la sordera y la ceguera total a las voces de la historia que reclaman un país que no consigue aun insertarse plenamente en un proceso democrático, para no seguir a la zaga del futuro que ya se vive en el mundo… Pero, la historia sigue y la esperanza nunca se pierde.

      



Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  

 

La formación tradicional del actor fue similar a la de los talleres artesanales. En una Compañía ingresaba el meritorio al que se le encargaba todas las tareas pesadas de la escena como barrer el escenario, cuidar el vestuario de los primeros actores. De meritorio se pasaba a figurante o comparsa, en papeles mudos. De figurante era promocionado a partiquino, al que se le encargaban "bocadillos" o textos muy breves, pero que ya alternaba con los demás personajes. Posteriormente se le promocionaba a actor de reparto y así sucesivamente.

Hasta promediar la década del cuarenta ésta era la práctica en las compañías peruanas. Ningún actor, salvo el apuntador, recibía la obra completa. Sólo se le daba los textos que interpretaría en fragmentos llamados particelas, se desconocía lo que era estudiar la obra, el autor o el personaje y todo consistía en aplicar y descubrir "los trucos del oficio".


Esto no difería mucho de la formación que inicialmente se dio en la Escuela Nacional de Arte Escénico, abierta el 25 de Enero de 1946 bajo la dirección de Edmundo Barbero, actor español que había llegado con la Compañía de la actriz Margarita Xirgu. Se practicó la saludable costumbre de que los alumnos actuasen en los papeles de figurantes o partiquinos en las temporadas de la Compañía Nacional de Comedias, que también dirigía Barbero, lo que les daba gran experiencia escénica desde un principio. En la ENAE de Barbero, también desarrolló la especialidad de escenografía Santiago Ontañón, que logró una promoción conformada por Alberto Terry y Santiago Escomel. El local de la ENAE fue en el Jirón Washington 1274 y llegó tener un Teatrín que daba al Pasaje García Calderón.


En 1948 se reordenan las fuerzas políticas y un golpe militar lleva a Manuel A Odría al poder hasta 1956. Durante esta etapa se nombra en la dirección al doctor Guillermo Ugarte Chamorro, primer historiador del teatro peruano y latinoamericano y gran promotor. La ENAE de Guillermo Ugarte introduce las prácticas de las improvisaciones y el método de Stanislavsky, gracias a la presencia del joven director Sergio Arrau que se afincó en Lima y se casó con la actriz Haydée Orihuela. Igualmente influyó en este cambio, Reynaldo D´Amore Black.


La ENAE relacionó el teatro peruano con el movimiento argentino de grupos y con las escuelas de las universidades de Chile y la Católica. La ENAE publicaba la revista Escena y mantuvo un permanente Servicio de Publicaciones a mimeógrafo. Realizó giras por provincias y sostuvo temporadas de verano en la Concha Acústica del Campo de Marte. También viajó a Chile y Bolivia. Ocupa un lugar singular en la historia de la ENAE el grupo Harpejio, nombre conformado por las siglas de sus siete integrantes de la promoción 1956, que fue la penúltima: Helena Huambos, Alfredo Bouroncle, Rubén Martorel, Pericles Cáceres, Estenio Vargas, Juan Romero, Ina Barúa, Organización Teatral, que trataron de mantenerse unidos como agrupación en un momento muy difícil.


En 1957 se desarticula la ENAE y se forma el Instituto Nacional de Arte Dramático(INAD) y más tarde Instituto Nacional Superior de Arte Dramático (INSAD) que funciona en el habilitado Teatro La Cabaña. Se encarga la dirección a Mario Rivera del Carpio y posteriormente a Rubén Lingán, ex profesor de la ENAE y gran animador de la primera época del Teatro de la Universidad Católica. Durante esta etapa se perfecciona el currículo y se da mayor peso a la expresión corporal con participación de Trudy Kessel y a la Impostación de la voz con Carmen Chávez. Son profesores Sebastián Salazar Bondy, Alejandro Romualdo Valle, Luis Jaime Cisneros, Washington Delgado, José Miguel Oviedo.


Como un esfuerzo singular de Rubén Lingán viene a Lima Atahualpa del Cioppo y lleva a escena La Ópera de dos por medio, de Bertolt Brecht y posteriormente, el director español José Osuna pone en escena La Celestina, de Fernando de Rojas en la versión abreviada de Casona y que tuvo como protagonista a Elvira Travesí y grandes actores como Manuel Delorio, Ricardo Blume, Alfredo Bouroncle.


Al doctor Lingán le sucede el funcionario Dimas Sáenz Meza, período en que es llevada a escena Las Troyanas, de Eurípides, en versión de Jean Paul Sartre y bajo la dirección de Ernesto Ráez, como expresión del Teatro Político de los setenta. También Ráez con sus alumnos lleva por primera vez a escena una obra en quechua, Hatun Llacta, desarrollada según los cánones de la creación colectiva y dentro de un espectáculo titulado Perú, problema.


En el período de gobierno del general Juan Velasco Alvarado se hacen cargo de la dirección sucesivamente Alonso Alegría, Arturo Nolte, Ernesto Cabrejos. En el año 1985 desempeña la dirección Ernesto Ráez y Alfredo Ormeño. A fines de los ochenta pasa a llamarse ENSAD (Escuela Nacional Superior de Arte Dramático) y se incluye la especialidad de Pedagogía Teatral.


A Ormeño lo continúa la actriz Ada Bullón Ríos, que había sido directora de estudios y se perfeccionó en los Estados Unidos alcanzando el grado de Máster of Arts. En esta época el Municipio de Lima recupera el Teatro La Cabaña y la Escuela funcionará en el sótano del Museo de Arte, edificio en el que funcionaba el Instituto Nacional de Cultura. De allí ocupará la Quinta Presa en el Rímac. También desempeñan la dirección Arturo Villacorta, José Enrique Mavila y el dramaturgo Juan Rivera Saavedra. El actual director (2008) es Jorge Sarmiento y el local del Teatro La Cabaña donde funciona ha sido devuelto a la ENSAD.

      



Por el Maestro: Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
  

 

En el proceso histórico del teatro en el Perú destacan los esfuerzos colectivos que han hecho posible la continuidad del quehacer teatral. Culminado, a comienzos de los cuarenta, el periodo de las compañías de divos, se inicia el movimiento de teatro independiente que, en su primera parte, hasta fines de los sesenta, es animado por agrupaciones de teatro de arte, cuya finalidad es la de abrir el teatro peruano a autores de otros países y no sólo de España, incentivar la creación dramática nacional y proyectar esta actividad a un nuevo público. En su segundo momento los colectivos siguen la línea llamada de teatro de grupo, asumen lineamientos claramente políticos y se proyectan hacia las poblaciones marginales, con obras de creación colectiva. En una breve reseña como la presente es difícil referirse al universo de instituciones que inauguraron rutas, las fortalecieron e inspiraron en las nuevas generaciones una conducta seria y responsable ante el hecho teatral, tanto en Lima como en provincias. Por consiguiente, debe entenderse este artículo como la introducción a un estudio más profundo de estas instituciones teatrales. Trataremos someramente de algunas agrupaciones limeñas, dejando las de provincias para otra oportunidad. La fecunda labor de Marina Díaz, en Iquitos; del Grupo Teatral Tacna; de la ANEA, de Arequipa; de Barricada, de Huancayo; de la AAA y Algovipasar, de Cajamarca o de la Escuela de Arte Dramático, de Trujillo, merece mayor espacio que una simple mención.

La Asociación de Artistas Aficionados (AAA) fundada en 1934 a iniciativa de jóvenes intelectuales como Elvira y Alejandro Miro Quesada, Rosa Graña, la inolvidable Mocha, Corina Garland inicia en Junio de 1938 su participación activa en la vida cultural del país. La AAA, bajo la dirección de Ricardo Roca Rey lleva a escena espectáculos en los atrios de la Catedral y de San Francisco, y en las ruinas de Puruchuco. En su local del Jirón Ica renueva la cartelera teatral limeña y estrena obras de los más importantes dramaturgos contemporáneos como Pirandello, Arthur Miller. No podemos dejar de mencionar el ciclo de teatro griego y su preocupación por llevar a escena dramaturgos peruanos. Precisamente con “Collacocha”, de Enrique Solari Swayne, protagonizada por Luis Álvarez, realizó una gira que comprendió Chile, Uruguay y México. Pero, sin lugar a dudas lo más significativo de su labor se da en el conjunto de actores y actrices a quienes ha entregado la posta de un teatro serio y de calidad. Se continúa esta tradición a través de la labor en los sesenta de Ricardo Blume en el Teatro de la Universidad Católica (TUC), que se proyecta hasta nuestros días, y en grupos como Telba, de los setenta, Ensayo y Alondra, de los ochenta.

El Sindicato de Actores del Perú, fundado por el actor Carlos Revolledo el 13 de Octubre de 1945. es nuestra más importante agrupación gremial. Actualmente se denomina Sindicato de Artistas Intérpretes del Perú (SAIP) y su Secretario General es el dramaturgo Juan Rivera Saavedra. En la dos últimas décadas del siglo pasado se forja la Asociación Nacional de Intérpretes y Ejecutantes (ANAIE), institución encargada de cautelar los derechos de autor de los artistas intérpretes y ejecutantes, que actualmente dirige Enrique Victoria.

Por Decreto Supremo del 25 de Enero de 1946, es creada por iniciativa del Ministro de Educación, Jorge Basadre, la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE). Comienza a funcionar bajo la dirección de Edmundo Barbero hasta Julio de 1949. Continúa la gestión Guillermo Ugarte Chamorro que abre el teatro peruano a la corriente del teatro latinoamericano que impulsara el chileno Pedro de la Barra y recibimos la visita del Teatro de la Universidad de Chile y del Teatro de la Universidad Católica. Durante la visita del TUC de Chile Fernando Colina difunde las técnicas del mimo en nuestro medio, labor que continuará Juan y Carmen Piqueras, Jorge Acuña, Juan Romero Sovero y Juan Arcos, entre otros.

Por iniciativa del doctor Manuel Beltroy, el Teatro Universitario de San Marcos (TUSM) inició sus actividades el 5 de Julio de 1941, en el Teatro Segura, con el estreno de El Emperador Jones, de Eugenio O´Neill, dirigido y protagonizado por Hugo D´Avieri. En 1958, el doctor Guillermo Ugarte Chamorro, considerado uno de los más destacados historiadores del teatro peruano y latinoamericano, es encargado de su conducción. El TUSM anima la vida teatral no sólo con espectáculos de difusión a colegios e instituciones y montajes de clásicos como Calderón De la Barca, también sostiene Talleres de Formación de Actores y publicaciones regulares de Estudios sobre el teatro peruano y universal.

Llegados a Lima como una delegación de intercambio con la ENAE, un grupo de jóvenes argentinos entre los que destaca Reynaldo D'Amore va a fundar el Club de Teatro de Lima, en 1953. acompañado de distinguidos intelectuales peruanos como Sebastián Salazar Bondy. En su local del sótano del cine Le Paris en La Colmena, de Lima, y actualmente en 28 de Julio en Miraflores realiza espectáculos experimentales importantes como los de teatro circular, con el estreno de “Llegada de Noche”, de Hans Roth, dirigida por David Stivel, proyecta acciones de promoción teatral como el Plan de los Teatros Piloto, escenifica obras que causan escándalo en la Lima pacata como “Eva no estuvo aún en el Paraíso”, de Estela Luna. De sus talleres de formación han egresado destacados actores y actrices de nuestra escena.

Homero, teatro de grillos, simplificado por la historia como Los Grillos es el grupo que lleva escena la obra de Estela Luna, dirigida por Sara Jofré. Los Grillos realizan una fecunda cruzada en pro del resurgimiento del Teatro para Niños, publican 4 tomos de Vamos al teatro con los Grillos, una colección de diez tomos de obras de teatro peruano y otras ediciones. A iniciativa de su fundadora se comenzaron a realizar las Muestras de Teatro Peruano.

En 1957, los hermanos Tulio, José, Carlos y Mario Velásquez acompañados de los más destacados actores del momento como Lucía Irurita, Carlos Gassols, Haydée Orihuela, fundan el grupo Felipe Pardo y Aliaga, que luego se denominaría Histrión, teatro de arte, uno de las agrupaciones más importantes de los sesenta, que lleva a escena excelentes montajes de obras peruanas y extranjeras como Santiago el Pajarero, de Julio Ramón Ribeyro, El fabricante de Deudas, de Sebastián Salazar Bondy, y La Chicha está fermentando de Rafael del Carpio-Carlos Velásquez. Sergio Arrau dirige Seis Personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello y Persecución y Asesinato de Jean Paul Marat interpretado por los locos del manicomio de Charenton dirigidos por el marqués de Sade (Marat-Sade), de Peter Weiss, a nuestro parecer el mejor montaje de teatro peruano en el Siglo XX:. Uno de sus últimos montajes memorables fue “El Alcalde de Zalamea”.

Aurora Colina en Miraflores abre el Cocolido desde donde realizaría incansable labor de difusión y formación que se ha continuado con la habilitación en el mismo espacio del circo La Tarumba, que alientan Fernando Zevallos y Estela Linares. Myriam Reátegui Espinoza funda el Centro Cultural Nosotros, iniciando la línea de Centros Culturales dirigidos al servicio de maestros, niños y centros laborales. Directora de CREART, revista de arte y espectáculos, ha organizado tres Festivales Internacionales y realizado Seminarios permanentes sobre El Niño y el Arte, Recreación Infantil y Juvenil, Técnicas Modernas de Expresión Corporal, El Niño y la Comunicación. Bajo su conducción la ASSITEJ en el Perú y la Asociación Nacional de Drama/Teatro y Educación (ANDE: Perú) afiliada a la International Drama/Theatre and Education Association (IDEA) mantienen permanente labor de promoción del teatro y sus relaciones con la educación.

Iniciando la década del setenta Mario Delgado y Miguel Rubio y Teresa Ralli fundan Cuatrotablas (1970) y Yuyachkani (1971) respectivamente. De acciones y concepciones polarizadas en un comienzo por razones de pensamiento político, han aproximado sus inquietudes y hoy son, conjuntamente con el Teatro de la Universidad Católica, instituciones señeras que proyectan su labor en pro del crecimiento permanente de nuestro teatro.

A comienzos de 2008 en que amplío esta síntesis se mantiene la actividad del MOTIN y de los Talleres Nacionales de Teatro. Importante labor realiza la especialidad de Teatro del Programa de Comunicaciones de la Universidad Católica establecida durante el decanato de Luis Peirano. Destaca el serio crecimiento del TUC y su Escuela de Formación Teatral. La sucesión fiel de los Festivales del Instituto Cultural Peruano-Norteamericano como el Internacional de Títeres que este Enero ha culminado VIII versión y el de Mimo que ha cumplido igualmente su segundo año. El ICPNA, conducido culturalmente por Fernando Torres, mantiene estrechas relaciones con los grupos de danza y Ciclos Anuales de lectura de Obras de teatro peruano y universal que dirige desde hace seis años Maura Serpa. Han ampliado el horizonte teatral , los festivales descentralizados en Pueblos Jóvenes, el apoyo del Centro Cultural Peruano Español a Ciclos como NITANSOLOS, internacional de unipersonales que promociona el grupo Arlequín y Colombina que se proyecta a su quinta edición, sin contar los que en provincia se vienen realizando y en los pueblos jóvenes como el FITECA, producto de la labor de Janet Gutarra y la Gran Marcha. La Universidad Ricardo Palma en su bello local céntrico de la Avenida Arequipa ha abierto el Centro Cultural Ccori Llacta, donde ha llevado a cabo Festival Internacional de Títeres y de Teatro Experimental que ha prometido mantener como bienales. Por el momento la presencia de Iván Rodríguez y de Manuel Pantigoso garantiza el cumplimiento de esta promesa.