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En el Perú el teatro es tan antiguo como sus primeros
pobladores. Baste observar los ceramios Nazca y Mochica y
los famosos huacos retrato. Durante este periodo pareciera
predominar un teatro de celebración, ejecutado con música,
danza y máscaras. Teatralidad total que ha continuado en las
danzas f  olclóricas
que constituyen, en cierto modo, la forma más original que
tenemos de hacer teatro los peruanos y, como tal, nuestro
aporte formal al teatro universal. Sin embargo, es Garcilaso
de la Vega quien en Comentarios Reales nos refiere el primer
testimonio escrito del teatro en la antigüedad precolombina.
Podría tomarse como referencia supérstite de este teatro los
dramas escritos en quechua. Pero, no debe llevarnos a
equívocos esta fácil comprobación. La estructura de
"Ollantay" corresponde al drama español y la presencia del
"gracioso", típico personaje de la comedia hispana no deja
lugar a dudas. Inclusive el valor del honor que se plantea
en la obra no corresponde a la idiosincrasia del pueblo
quechua donde la figura del Inca era poco menos que sagrada.
Sin embargo esta posición no es compartida por otros
estudiosos que ven en las acciones de los personajes y el
proceso de la acción claros testimonios de la visión del
mundo que tuvo el pueblo del Tawantinsuyo. La versión más
conocida es la del clérigo de Sicuani Antonio Valdez,
copiada por Justo Justiniani.
De los dramas en quechua, que se han seguido haciendo hasta
el siglo XX, mencionaremos: Yauri Tito Inca o El pobre más
rico , Usca Páucar, El Hijo Pródigo, de Juan Espinoza
Medrano; y La Tragedia del Fin de Atau Walpa, importante
testimonio de la visión de los vencidos. Durante la
república, el autor más conspicuo del drama es Inocencio
Mamani, miembro del grupo puneño ultraorbicista que liderara
Gamaliel Churata. El Tucuipac Munashcan, de Mamani fue
comentado en Amauta, de José Carlos Mariátegui
La llegada de los españoles trunca cualquier desarrollo
ulterior de esta línea teatral e inscribe el proceso
histórico de nuestro teatro en la corriente del drama
español. Como es lógico, la vida teatral colonial copia los
modelos impuestos por la península.
No obstante, una cierta constante satírica trata de expresar
con originalidad el pensamiento local. Uno de sus
representantes Fray Francisco del Castillo, llamado ´El
ciego de la Merced´ lo expresa así en La Farsa del Justicia
y Litigantes breve pieza que describe con humor las
querellas de demandantes y demandados y los consabidos
arreglos judiciales. Y otro tanto sucede con los ágiles
entremeses y fines de fiesta de comedias que escribe Pedro
Peralta y Barnuevo, donde desfilan personajes prototípicos
de la época y en cuyo estilo se vislumbra ya una de las
líneas principales de la dramaturgia peruana, la crítica y
sátira de las costumbres.
A Guillermo Ugarte Chamorro, investigador de nuestro pasado
teatral, le debemos la noticia de dos obras escritas por
virreyes. Una nada menos que de Manuel Amat y Juniet ,
especialmente para Micaela Villegas; y la otra, del virrey
Marqués de Castell dos Rius, con ocasión de celebrarse el
nacimiento del príncipe de Asturias , futuro Luis I de
España, titulada El Mejor Escudo de Perseo, llamada por su
autor ´comedia armónica´, por llevar intercalados algunos
números musicales, fue estrenada el 17 de setiembre de 1708.
Sin embargo, Guillermo Lohman Villena en El arte dramático
en Lima durante el virreinato lamenta no haber podido ubicar
el manuscrito.
Posiblemente el personaje más famoso del teatro en el
período hispánico es Micaela Villegas, actriz huanuqueña,
conocida por la Perricholi. Amante del virrey Amat, su
aureola de leyenda recibió el homenaje del francés Próspero
Merimée quien en 1829 escribe La Carroza del Santo
Sacramento donde la trata como una mujer ingeniosa, sensible
y nada superficial. En la portada del primer número de la
Revista Escena, de Abril de 1953 aparecían los protagonistas
de su estreno en Lima, Elva Alcandré (Micaela) y Carlos
Velásquez (Virrey Amat).
Alonso de Ávila y María del Castillo, ´La Empedradora´,
construyen y administran el Corral de Comedias (1615),
posteriormente reemplazado por el Coliseo de Comedias, y
luego del terremoto de 1746 el Teatro de Lima (1749). Allí.
Rosa Merino entonó por vez primera el Himno Nacional del
Perú, el 20 de Setiembre de 1821.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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 La
primera obra del Perú Independiente es Los Patriotas de Lima
en la noche feliz, estrenada el 1 de Agosto de 1821.
Labor significativa le cupo en los albores de la república a
don Félix Devoti, Censor y Director del Teatro de Lima. Una
de sus más importantes sugerencias en pro de la
dignificación del Teatro Nacional fue la que motivó que el
31 de Diciembre de 1821 el Protector del Perú, Don José de
San Martín hiciese oficial que. El arte escénico no irroga
infamia al que lo profesa; los que ejerzan este arte en el
Perú podrán optar a los empleos públicos y serán
considerados en la sociedad según la regularidad de sus
costumbres, y a proporción de los talentos que posean; los
cómicos que por sus vicios degradaran la profesión , serán
separados de ella.
En el siglo XIX y principios del XX se mantendrá una gran
afición por el teatro en Lima. No sólo por asistir a los
teatros sino por la realización de representaciones caseras
con ocasión de las tertulias familiares.
El Costumbrismo de
Manuel Ascencio Segura y Felipe Pardo y Aliaga
La búsqueda de un tono local que no duplicase el teatro de
aliento peninsular heredado de la colonia y el desarrollo de
la comedia de costumbres, dará paso al Costumbrismo teatral
peruano de Felipe Pardo y Aliaga y de Manuel Ascencio
Segura, aceptados como nuestros clásicos. Sus enfoques
críticos de la vida nacional corresponden a dos
orientaciones que reflejan en cierto grado la extracción
social y procedencia de los dos autores.
Felipe Pardo y Aliaga (Lima 1806-id. 1868), educado en
España con Alberto Lista, y de ideas conservadoras. En
Frutos de la Educación (1828) revela, a través de una
intriga central de corte galante, los intereses económicos y
los prejuicios culturales y de identidad en la naciente
república así como una clara censura al mestizaje y a la
relación entre grupos sociales. En Una huérfana en
Chorrillos y en Don Leocadio y Aniversario de Ayacucho,
escritas cinco años después insistirá sobre la necesidad d  e
ver con ojos progresistas la vida nacional. Un artículo
periodístico escrito con ocasión de su partida a Santiago de
Chile, Un Viaje, ha merecido interpretaciones unipersonales
como la del gran actor peruano Carlos Velásquez, que creara
un Niño Goyito inolvidable, en la década del cincuenta.
Manuel Ascencio Segura y Cordero (Lima 1805-id. 1871), ex
Sargento Mayor del ejército patriota, luego de integrar la
facción realista hasta la batalla de Ayacucho, nos brindará
un teatro de corte diferente. Inscrito en la mejor tradición
de la sátira y la crítica criollas. Aunque cultivó el teatro
histórico, son sus comedias las que lo han consagrado como
el "Padre del teatro peruano". En sus obras El Sargento
Canuto(1839), La saya y el manto, La moza mala, Ña Catita
(1856) , Un Juguete, El Santo de Panchita (escrita con don
Ricardo Palma), Las Tres Viudas (1862), Lances de Amancaes,
El Cachaspari, desfilan costumbres y personajes populares y
de la clase media de una Lima todavía provinciana y no tan
santa, en la que alternan prejuicios, intereses mezquinos,
una visión extranjerizante, la prepotencia militar y la
hipocresía, en el marco de la sana alegría de nuestras
fiestas populares. El Sargento Canuto se inscribe en la
mejor tradición de la comedia de crítica a las profesiones
como el Pirgopolinices de El Soldado Fanfarrón, de Plauto.
Ña Catita, recuerda a la trotaconventos de la tradición
hispana.
Otro escritor importante de este período es Juan de Arona
(1839-1895), seudónimo de Pedro Paz Soldán y Unánue.
Son obras suyas El Intrigante Castigado (1867), Más menos y
ni más ni menos (1870), mimeografiadas por el Servicio de
Publicaciones de la Escuela Nacional de Arte Escénico. De
Abelardo Gamarra, el Tunante (1850-1924) este servicio
publicaría Ir por lana y salir trasquilado o Casas del
tiempo (1892). Del dramaturgo e historiador Manuel Moncloa y
Covarrubias, Cloamón (1859-1911), se publicó su informe
sobre El Teatro en Lima (1909). A este autor debemos las
principales investigaciones teatrales sobre el teatro
finisecular del XIX y albores del Siglo XX hasta 1910: De
Telón Adentro (1891), Diccionario Teatral del Perú (1905) y
Mujeres de Teatro (1910).
El costumbrismo continuará teniendo cultores durante el
siglo XX. Algunas obras de Sebastián Salazar Bondy podrían
incluirse en esta lista como Dos Viejas van por la Calle, El
Fabricante de Deudas, Ifigenia en el Mercado y La Escuela de
los Chismes.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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A pesar de la lamentación de Juan de Arona a fines del siglo
(1891) "¡Los teatros se mueren! ¡Los teatros han muerto!
referida al mal estado de las salas
 teatrales
y la falta de animación de la vida teatral limeña, lo cierto
es que, durante las cuatro primeras décadas del siglo, en
Lima se mantiene una actividad teatral continua.
Leonidas Yerovi (1881-1917) a caballo entre dos siglos,
encuentra el tono apropiado para hablar de nuestra realidad.
La de cuatro mil, La Salsa Roja, Domingo Siete, muestran con
gracejo y excelente humor las limitaciones provincianas de
una Lima que no acaba de crecer y que vive pendiente de la
suerte, porque "el suertero que grita ´la de a mil´ contiene
no sé qué fondo de Dios". En La de cuatro mil, hay una sutil
confrontación de la actitud masculina con la femenina y el
esfuerzo provinciano de crecimiento expresado por las dos
mujeres de la obra. Escrita en verso fluido, ha merecido
innumerables puestas en escena hasta la fecha en nuestro
país.
Inclusive, durante el periodo de la guerra con Chile, en
1880 se estrenó, Muerto en Vida, de Eloy P Buxó, a beneficio
de los militares heridos en la Batalla de Arica. Otro autor
muy popular es el ya mencionado Abelardo Gamarra, autor de
Ña Codeo (1887), de corte costumbrista . De su tema se puede
deducir interesantes conclusiones sobre la situación de la
mujer y la situación económica de la clase media. Carlos
Germán Amezaga (1862-1906) en Sofía Perowskaia se aparta de
la línea costumbrista y su obra se desarrolla en Rusia,
donde Sofía se adscribe al espíritu revolucionario por amor
y acepta morir por ello en actitud típicamente romántica.
Abraham Valdelomar (1888-1919) intenta un teatro más
profundo que aborde la complejidad del alma humana y la vida
social, en Verdolaga, tragedia pastoril en tres actos. Otro
autor cuyas obras aluden a las limitaciones culturales del
medio es José Chioino. Escribe Petronio (1923), La propia
comedia, donde juega con los diversos puntos de vista desde
los cuales puede ser juzgada la realidad. Acorde con las
intenciones intelectuales de este grupo de escritores
Ricardo Peña ofrece en Bandolero Niño (1935) un diseño
poético del bandolero Luis Pardo.
En varios locales establecidos se presenta regularmente
compañías encabezadas por actores peruanos que también hacen
giras a provincias. Caracteriza este periodo la presencia de
capo cómicos o divos, que se unen entre ellos y forman
familias teatrales, otros se proyectan al extranjero y se
desarrollan lejos del país.
El Romanticismo Teatral no llegará a tener fuerza y
continuará primando el costumbrismo; el repertorio se
nutrirá de sainetes españoles adaptados a la vida nacional,
llegando algunos actores a crear personajes populares. Un
hecho especialmente notorio es la existencia de compañías de
niños como la de Baronti en 1902 y la de los Hermanos
Gassols, en 1935.
Aunque nos visitan compañías extranjeras, todavía domina la
escena nacional el
 estilo
español de actuación y hay muy poca presencia de dramaturgos
de otras lenguas. El público prefiere la comedia ligera, la
zarzuela y la opereta.
Demetrio Baronti, industrial propietario de la fábrica de
chocolates y galletas El Gallo organiza con niños de
diferentes barrios de Lima, una Compañía Infantil. Lo
importante de esta iniciativa que realizó con los talentos
infantiles giras a provincias del norte del país, es que
muchos de sus integrantes serían los animadores del teatro
de divos de los años siguientes como Luis Canessa Mendieta,
Eloy Corcuera y Carlos Rodrigo; este último gran imitador de
personajes populares; Rogel Retes, que continuó hasta
Santiago de Chile y se instaló en ese país. Por su
interpretación del "roto" es considerado uno de los
fundadores del teatro chileno. Otro gran actor peruano que
triunfó en Chile fue el inolvidable Lucho Córdova que
alternó su vida teatral realizando temporadas regulares a
teatro lleno en Lima, con su esposa Olvido Leguía.
Durante el oncenio, el presidente Augusto B. Leguía dio su
apoyo para que el alcalde de Lima, don Federico Elguera, con
miras a las celebraciones del Centenario de la Independencia
Nacional, reconstruyera el Teatro Principal incendiado en
1883. El 14 de Febrero de 1909 se inauguró como Teatro
Municipal, con la presentación de la Compañía María
Guerrero- Fernando Díaz de Mendoza. En 1929 pasó a llamarse
Teatro Manuel A, Segura. En Chorrillos funcionó el Teatro
Marchetti (1869). Otras salas que funcionaron fueron el
Forero, inaugurado en 1920 en los terrenos del antiguo
Olimpo, y que en 1929 pasó a ser el actualmente incendiado
Teatro Municipal. Otro local famoso es el Politeama, donde
en 1886 se presentó la famosísima diva Sara Bernhardt. En el
Delicias (1910) de los Barrios Altos se representó teatro
chino. En la Plaza Italia estaba el Mazzi (1911). En 1914 se
inauguró el Teatro Colón de la Plaza San Martín) y también
hubieron locales en el Callao.
Como demostración de la inusitada preferencia del público
limeño por la zarzuela Ricardo Chirre Danós alcanza las 300
representaciones con Lima en Kodak, una revista musical en
el Teatro Colón. Ángela Járquez, Ernestina Zamorano y
Antonia Puro destacan en este singular espectáculo que
encandiló a los limeños durante un año.
Eckhardt Pastor, que funda la Sociedad Peruana de Actores y
dona un espacio en Chaclacayo para ¨La Casa del Artista¨,
actualmente en triste abandono. Su obra, Del 96 al 36,
estrenada por Lucho Córdova con el entremés criollo Vamos a
Seguirla, entre el primer y segundo actos, muestra una Lima
que se iba y que hoy finalmente se fue del todo. En las
evocaciones de los criollos finiseculares frente a las
exigencias de los nuevos tiempos hay una visión idílica del
pasado que es reveladora de cuánto puede ser un lastre el
falso romanticismo y el poco pragmático deseo de anclar en
el pasado.
Por estos años, envía artículos sobre el teatro europeo,
César Vallejo (1892-1938). Escribe en Francia obras de
teatro, cuya representación propone a actores como Louis
Jouvet, y en sus textos teóricos plantea puntos de vista
sobre la renovación teatral europea en el lejano París.
Algunas de estas obras, de contenido político, nos remiten a
la realidad nacional como Colacho, hermanos (1934), de
argumento basado en su novela Tungsteno, y La Piedra cansada
(1937), que se desarrolla en el incario. Hasta la fecha no
podemos hablar de una influencia del teatro de Vallejo en la
escena peruana.
El teatro de los
obreros anarco sindicalistas
Habíamos pasado por la Gran Guerra sin reaccionar a las
exigencias del nuevo siglo y nos encontrábamos ya en los
prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial. Mientras España
se desangraba, únicamente los obreros del teatro
anarco-sindicalista representaban a Enrique Ibsen en Lima.
Debemos al profesor Rafael Hernández un breve estudio sobre
este fecundo movimiento, que no ha sido suficientemente
investigado.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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Al
culminar la década del 30 y con la Segunda Guerra Mundial llegan
nuevos autores no españoles a nuestra escena, como el italiano
Luigi Pirandello, y el norteamericano Eugenio O´Neill. La década
del 40 será la del declinar del teatro de divos y la de la
afirmación del teatro de arte practicado por los grupos
independientes.
A este periodo que llena treinta años de actividad teatral se le
podría denominar de los grupos de teatro de arte, ya que se
forjó como reacción al teatro de obras intrascendentes o que
trataban de imitar las formas hispanas que hacían los divos.
Estos grupos intentaron renovar e incrementar el contingente de
aficionados al buen teatro, de educar al público y de llegar a
la población en general con las mejores obras de la literatura
dramática universal. También se buscó dignificar la profesión
del actor creando una mística de trabajo serio y humilde al
servicio de la escena y del público espectador. Pero, su mayor
mérito estuvo en la búsqueda de una dramaturgia nacional.
La primera expresión de este movimiento fue la fundación, por
Alejandro, Aurelio y Elvira Miró Quesada, Rosa Graña, Manuel
Solari Swayne, Percy Gibson, Ricardo Grau, Alberto Wagner de
Reina, Enrique Peña Osores y Carlos Raygada, de la Asociación de
Artistas Aficionados (AAA) en Junio de 1938, en el 510 de la
calle Espaderos. Posteriormente la AAA ocuparía un local
permanente en el Jirón Ica 323. Son muchos los hitos que, en el
crecimiento del teatro nacional, corresponden a la AAA.
Mencionaremos en especial el empleo estético de los espacios
abiertos: como el atrio de la Catedral de Lima o de la Iglesia
de San Francisco y la Quinta de Presa, El artífice de estos
espectaculares montajes que apuntaban a la estética del teatro
de masas de Max Reinhardt fue el notable director Ricardo Roca
Rey. A él se debe la puesta de El Gran Teatro del Mundo, de
Calderón de la Barca, en la Plaza de Armas de Lima; y de La
Muerte de Atahualpa, de Bernardo Roca Rey, en las ruinas de
Puruchuco. Otro ciclo inolvidable y aleccionador fue el dedicado
al teatro griego. Grandes actores como Luis Álvarez, Jorge
Montoro, Pablo Fernández integraron el elenco de la AAA, cuyos
montajes siempre fueron garantía de alta calidad. En ellos se
dio a conocer un joven actor muy disciplinado y de gratísima
figura, Ricardo Blume Traverso. La seriedad y nivel de exigencia
aprendido en la AAA fue inculcado por Ricardo Blume a sus
alumnos, cuando se le encargó la reapertura del teatro de la
Universidad Católica.
Don Ricardo Roca Rey solía decir: "Para forjar un teatro
nacional debemos poner y poner en escena las obras de nuestros
autores". Y, cumpliendo lo dicho representó las creaciones de
Juan Ríos Rey, Enrique Solari Swayne, dos de los más
significativos dramaturgos del periodo. La AAA también hizo un
excelente teatro para niños.
Otro gran impulsor en la búsqueda de un teatro de arte es don
Manuel Beltroy, profesor universitario que crea el Teatro
Universitario de San Marcos que presenta su primer espectáculo,
El Emperador Jones, de Eugenio O´Neill, el 5 de Julio de 1941 en
el Teatro Segura, bajo la dirección del argentino Hugo D´Avieri.
Posteriormente, en Octubre de 1945, en el local del Instituto
Bach d e
la 4ta. cuadra del Jirón Junín en Lima, el doctor Manuel Beltroy
reúne a algunos actores y forma a su retorno de Argentina, El
Teatro del Pueblo. El 3 de Octubre de 1945 realiza la primera
función en el Teatro Ritz de la avenida Alfonso Ugarte,
ofreciendo: Un Duelo , de Antón Chejov; Limones de Sicilia , de
Luigi Pirandello; y Así que pasen cinco años , de Federico
García Lorca. Integraban el elenco entre otros Luis Álvarez y
Jorge Montoro. Igualmente cultivaron el Teatro para Niños.
El año 45 es especialmente significativo para la historia del
teatro peruano porque en ese año el actor Carlos Revolledo funda
el Sindicato de Actores del Perú (SAP), el 13 de Octubre de
1945, y don Jorge Basadre, entonces Ministro de Educación,
promueve la Ley de Fomento al Teatro que crearía la Compañía
Nacional de Comedias (CNC), la Escuela Nacional de Arte Escénico
(ENAE) y los Concursos Nacionales de Teatro Escolar, de Drama y
de Comedia.
Don Jorge Basadre, Ministro de Educación durante el periodo
presidencial de Don José Luis Bustamante y Rivero cuenta en su
libro autobiográfico La Vida y la Historia : "Uno de los
decretos que más me enorgullece cuando recuerdo mi breve y
frustrada labor ministerial de 1945 es el que colocó al teatro
bajo la protección del Estado. También aquí sólo puedo jactarme
apenas de haber sembrado unas semillas. De ellas salieron el
Departamento de Teatro, la Escuela Nacional de Arte Escénico y
la Compañía Nacional de Teatro.
La primera obra premiada en teatro escolar fue Los héroes y
Grau, de Adolfo Chipoco Malmborg. Juan Ríos Rey obtuvo el premio
de drama por Don Quijote; y Percy Gibson Parra el de comedia por
Esa Luna que Empieza.
Edmundo Barbero, actor que había llegado con la compañía de
Margarita Xirgu, dirige la primera temporada, en el Teatro
Segura, y lleva a escena Olaya o El Barquero y el Virrey, de
Manuel Nicolás Corpancho, con escenografía y vestuario diseñados
por Santiago Ontañón. El personaje de Olaya fue representado por
Aquiles Guerrero. También se estrena
Esa
luna que empieza, El Hechizo, de Antenor Samaniego y El Demonio
de la Guarda, de Ricardo Villarán. En la segunda temporada se
presentó Amor, gran laberinto, de Sebastián Salazar Bondy. Las
temporadas de la CNC llenaron la década del cincuenta. Los
Concursos se mantuvieron más o menos el mismo tiempo.
Reynaldo D'Amore Black, joven teatrista argentino que había
viajado como becario a la ENAE funda en 1953 el Club de Teatro
de Lima. En un comienzo funcionó en el sótano del famoso
Negro-Negro y posteriormente se trasladó al sótano de la Maison
de France. Fiel a la tradición actualmente también funciona en
un sótano en 28 de Julio en Miraflores, lugar al que emigró en
la década del ochenta. En el Club de Teatro de Lima se
presentaron obras de vanguardia, se hizo teatro circular, se
propició la formación permanente de actores y del público
aficionado. La trascendencia de la labor del Club de Teatro en
pro del teatro peruano se expresa por los actores y actrices
egresados de sus filas. También hizo Teatro para Niños.
En 1957, año de la cancelación de la Escuela Nacional de Arte
Escénico, como patente demostración de la trascendencia de su
labor un grupo de egresados y profesores funda Histrión, teatro
de arte. El grupo lo conformaron Carlos Gassols, Lucía Irurita,
Haydée Orihuela, Michel Morante, los hermanos Tulio, José y
Carlos Velásquez y con el tiempo se sumarían Mario y su primo y
gran realizador Virgilio. Funcionó desde el comienzo en su local
de Pasaje García Calderón 170. A Histrión se debe el esfuerzo
sostenido por llevar el teatro a los pueblos. para el efecto
habilitó un escenario ambulante con el que presentó obras como
Un enemigo del Pueblo, de Enrique Ibsen en la Plaza Principal de
Chincha. Igualmente preocupado por la creación de un teatro
peruano estrenó las obras principales de Sebastián Salazar
Bondy, de Grégor Díaz, de Juan Rivera Saavedra, de Estela Luna,
de Rafael del Carpio, de Julio Ramón Ribeyro y de José Schultz.
Realizó en 1962 una gira a Santiago de Chile donde alcanzó
notable éxito presentando Santiago, el pajarero, El Fabricante
de Deudas y La Chicha está Fermentando. A este grupo
correspondió la última representación importante del Teatro de
Arte: Asesinato y Persecución de Jean Paul Marat representado
por los locos del manicomio de Charenton dirigidos por el
marqués de Sade, de Peter Weiss, en el Teatro Segura, dirigidos
por Sergio Arrau y protagonizada por José Velásquez (Sade) y
Ernesto Ráez (Marat) y un numeroso elenco que actuó a teatro
lleno una larga temporada.
Pero los nuevos tiempos, en un Perú agitado por las guerrillas,
con un gobierno militar reformista luego de 1968 reclamaba un
teatro que los grupos de arte no aportaron ni las compañías como
la de Lucía Irurita o la de Alfredo Bouroncle, dando paso al
teatro de grupos que se gestaría en la década del setenta, a
partir de inquietudes juveniles, por lo que se dejó desamparada
la escena nacional y el escaso público derivó hacia las
compañías de teatro ligero y comercial como las de José y Lola
Vilar y posteriormente la de Osvaldo Cattone.
Los grupos señeros: Histrión, teatro de arte; Asociación de
Artistas Aficionados (AAA) y Club de Teatro de Lima, dan paso a
nuevas agrupaciones. Y, la mínima lista de dramaturgos
conformada por : Juan Ríos Rey, Enrique Solari Swayne y
Sebastián Salazar Bondy, se va a incrementar. Así mismo la
presencia de las provincias tiene un mayor peso al punto de que
ya es posible hablar después de la década del setenta de un
Movimiento Teatral Peruano.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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En la década del cincuenta comencé a
participar activamente de la vida teatral porque tuve de
maestro de teatro en Secundaria a Luis Álvarez que me invitó
a formar parte del inmenso coro de mendigos de El Gran
Teatro del Mundo que dirigiera Don Ricardo Roca Rey en el
atrio de la Catedral de Lima con la interpretación de Elvira
Travesí, Hugo Guerrero, Pablo Fernández, Jorge Montoro, Luis
Álvarez. Asistí a las funciones que daba la ENAE en su
Teatrín del Pasaje García Calderón, gracias a la iniciativa
del doctor Jorge Velit que era mi profesor de castellano en
el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe. Allí vi: Un
Día de Octubre, de Kayser, con las actuaciones de Tula
Pesantes, Carlos Velásquez y Hudson Valdivia. Pago Diferido,
con José Velásquez y Lucía Irurita; El Hombre de la Flor en
la Boca, de Luigi Pirandello, con José Velásquez y Carlos
Gassols. Y un trío de actores para la historia interpretando
para el recuerdo de toda una vida El de la Valija, de
Sebastián Salazar Bondy: José y Carlos Velásquez y Carlos
Gassols. Hasta hace algunos años guardaba los cuadernos con
las tareas de apreciación que nos mandaba hacer el profesor
Velit, a quien volví a ver como catedrático de la UNM de San
Marcos y en la ENAE, por supuesto. Me fascinó el tema de
Llegaron a una Ciudad, de Priestley presentada en la
temporada de verano en la Concha Acústica del Campo de
Marte, dirigida por Luis Álvarez.
No fue raro que, egresado de secundaria y cachimbo de
medicina en San Marcos, me sometiera al examen de ingreso a
la ENAE. Este examen era de un ritual, a mi parecer, más
riguroso que el que había superado en San Marcos, en la
época en que los exámenes de ingreso a la universidad eran
escrito y oral. El de la ENAE era exclusivamente oral. Nos
hacían recitar el poema "El grillo", interpretar el prólogo
de "Los Intereses Creados", de Jacinto Benavente y nos
sometían a un amable interrogatorio sobre nuestra
experiencia teatral previa. Experiencia de espectador que yo
tenía desde hacía ocho años para entonces.
La carrera se hacía en tres años. Las clases eran de Lunes a
Viernes de 6 a 9 de la noche, los sábados de 3 a 6 de la
tarde y los domingos de 9 a 12 de la mañana. No se
descansaba un solo día, y no se tenía prácticamente
vacaciones porque a los exámenes de Diciembre seguían los
ensayos de la temporada de verano en la Concha Acústica del
Campo de Marte, a la que ser llamado era un honor. Mención
especial merecen los exámenes igualmente rigurosos, para los
cuales los alumnos preparábamos escenas seleccionadas. El
pleno de profesores evaluaba estas performances en las que
aplicábamos lo aprendido en el año.
Nos formaron como sólidos hombres de teatro. El doctor Rubén
Lingán fue nuestro profesor de Historia del Teatro, el
doctor Velit era el responsable de nuestra dicción y en
Actuación del Primer Año habían dos talleres obligatorios.
En uno enseñaba José Velásquez, muy preocupado del
análisis
y del buen decir del texto. Ensayábamos diálogos, monólogos,
escenas de conjunto, fragmentos memorables del repertorio
universal tanto en comedia como en drama. En el otro taller
enseñaba Sergio Arrau. Chileno de sólida formación y de
desbordante imaginación que estimulaba nuestra capacidad de
improvisación siguiendo lineamientos meyerholdianos y de la
comedia del arte, pero en el estilo Arrau, pleno de alegría
y vitalidad. Confrontábamos así dos maneras de abordar el
teatro. la una refinada y medida, centrada en la expresión
oral; y la otra jocunda y desbordante, muy preocupada de la
expresión corporal. Ésta fue una feliz conjunción. Carlos
Gassols era profesor de maquillaje. Todos los demás recursos
del teatro los aprendíamos en las prácticas de boletería,
recepción, limpieza del escenario y de la sala, armado y
pintado de las escenografías. En iluminación colaborábamos
con Don Carlos Velásquez que había llegado a la ENAE como
luminotécnico y, como decía Don Samuel Montesinos, conserje
de la institución: "Un día Don Carlitos se cayó de la torre
de iluminación a la escena y de allí nadie lo movió". El
dominio de la tecnología teatral era completo en Carlos
Velásquez. De él aprendimos todos. Inclusive técnicas
dramatúrgicas, que concretó en La chicha está fermentando,
que Rafael Del Carpio escribió a partir de una radio
teatralización del cuento La Viuda, de Porfirio Meneses.
Pero el verdadero autor de la teatralización fue Carlos, que
también dirigió la puesta en escena en el grupo Histrión. En
los años siguientes gocé de la docencia de Luis Álvarez,
siempre muy bien documentado y de Don Leonardo Arrieta,
actor de notable trayectoria, formado en tablas. Hablar de
la ENAE de entonces y no mencionar a Rosita Carnero es
mutilar el más amable recuerdo. Ponderada y laboriosa, de
impecable mecanografiado que hizo famosas las ediciones del
Departamento de Publicaciones de la ENAE. trabajos que
mimeografiaba con pulc ritud
Don Samuel Montesinos. El archivo de esta valiosa
documentación se mantuvo incólume y ordenado mientras Don
Samuel laboró en las instituciones que continuaron a la
ENAE. Aunque muy jóvenes pertenecen a esta generación los
"Kelly", Ricardo y Daniel Elías que se desempeñaron en el
área de administración e iluminación.
El equipo de alumnos era también muy estimulante. Había
gente de toda edad. Desde los menores de veinte, como yo,
hasta los mayores de cuarenta. Esto permitía alternar con
variados niveles de experiencia vital. Cómo no recordar los
balbuceos intensos de Alfredo Bouroncle, que llegaría a ser
un gran actor, la bellísima voz y varonil prestancia de
Estenio Vargas, de peligrosa presencia en las clases de
dicción porque les quitaba el aliento a nuestras jóvenes
compañeras. La fina sensibilidad de Ina Duval, que es el
nombre con el que actuaba Ina Barúa, por razones familiares,
la sólida presencia escénica de Pericles Cáceres, la
propiedad y señorío de Helena Huambos, la parsimonia y
seguridad de Percy Mejía, la mesura de Juan Romero Sovero,
que luego se dedicó a ser profesor de modelaje, y la fuerza
de Rubén Martorell Ellos conformaron una promoción anterior
a la mía, que fue la última de la ENAE. Los egresados
formaron la Organización Teatral Harpejio, nombre concebido
con las iniciales de sus nombres Helena, Alfredo, Rubén,
Pericles, Estenio, Juan, Ina y la O de Organización Teatral.
Harpejio animó la escasa vida teatral limeña de fines de los
cincuenta, de la que participaban la Asociación de Artistas
Aficionados (AAA) y el Club de Teatro de Lima, instituciones
dirigidas por dos grandes maestros del teatro peruano
Ricardo Roca Rey y Reynaldo D'Amore Black, respectivamente.
En 1957, de los noventa que ingresamos, egresamos siete, de
los cuales sólo continuamos en el teatro César Urueta, que
llegó a ser Secretario General del Sindicato de Artistas del
Perú y luchador incansable hasta el día de su muerte, por la
Ley del Artista, Alicia Paredes, César Príncipe y quien hace
públicos estos recuerdos, como suplemento memorístico de
esta breve historia del teatro peruano.
Las evocaciones aquí consignadas fueron escritas cuando el
talentoso y muy estudioso joven actor de gentil presencia
Ricardo Blume Traverso viajó a España de donde retornó para
ser maestro de buen temple y sembrador de fecundas cosechas.
Ricardo Blume, peruano de extensas raíces que aún en la
lejanía de su afincamiento en México, sigue pensando,
meditando y preocupándose por esta dolorosa patria nuestra
gobernada por la prepotencia, el temor reverencial, la
calumnia, la desinformación y la sordera y la ceguera total
a las voces de la historia que reclaman un país que no
consigue aun insertarse plenamente en un proceso
democrático, para no seguir a la zaga del futuro que ya se
vive en el mundo… Pero, la historia sigue y la esperanza
nunca se pierde.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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La formación tradicional del actor fue
similar a la de los talleres artesanales. En una Compañía
ingresaba el meritorio al que se le encargaba todas las
tareas pesadas de la escena como barrer el escenario, cuidar
el vestuario de los primeros actores. De meritorio se pasaba
a figurante o comparsa, en papeles mudos. De figurante era
promocionado a partiquino, al que se le encargaban
"bocadillos" o textos muy breves, pero que ya alternaba con
los demás personajes. Posteriormente se le promocionaba a
actor de reparto y así sucesivamente.
Hasta promediar la década del cuarenta
ésta era la práctica en las compañías peruanas. Ningún
actor, salvo el apuntador, recibía la obra completa. Sólo se
le d aba
los textos que interpretaría en fragmentos llamados
particelas, se desconocía lo que era estudiar la obra, el
autor o el personaje y todo consistía en aplicar y descubrir
"los trucos del oficio".
Esto no difería mucho de la formación que inicialmente se
dio en la Escuela Nacional de Arte Escénico, abierta el 25
de Enero de 1946 bajo la dirección de Edmundo Barbero, actor
español que había llegado con la Compañía de la actriz
Margarita Xirgu. Se practicó la saludable costumbre de que
los alumnos actuasen en los papeles de figurantes o
partiquinos en las temporadas de la Compañía Nacional de
Comedias, que también dirigía Barbero, lo que les daba gran
experiencia escénica desde un principio. En la ENAE de
Barbero, también desarrolló la especialidad de escenografía
Santiago Ontañón, que logró una promoción conformada por
Alberto Terry y Santiago Escomel. El local de la ENAE fue en
el Jirón Washington 1274 y llegó tener un Teatrín que daba
al Pasaje García Calderón.
En 1948 se reordenan las fuerzas políticas y un golpe
militar lleva a Manuel A Odría al poder hasta 1956. Durante
esta etapa se nombra en la dirección al doctor Guillermo
Ugarte Chamorro, primer historiador del teatro peruano y
latinoamericano y gran promotor. La ENAE de Guillermo Ugarte
introduce las prácticas de las improvisaciones y el método
de Stanislavsky, gracias a la presencia del joven director
Sergio Arrau que se afincó en Lima y se casó con la actriz
Haydée Orihuela. Igualmente influyó en este cambio, Reynaldo
D´Amore Black.
La ENAE relacionó el teatro peruano con el movimiento
argentino de grupos y con las escuelas de las universidades
de Chile y la Católica. La ENAE publicaba la revista Escena
y mantuvo un permanente Servicio de Publicaciones a
mimeógrafo. Realizó giras por provincias y sostuvo
temporadas de verano en la Concha Acústica del Campo de
Marte. También viajó a Chile y Bolivia. Ocupa un lugar
singular en la historia de la ENAE el grupo Harpejio, nombre
conformado por las siglas de sus siete integrantes de la
promoción 1956, que fue la penúltima: Helena Huambos,
Alfredo Bouroncle, Rubén Martorel, Pericles Cáceres, Estenio
Vargas, Juan Romero, Ina Barúa, Organización Teatral, que tr ataron
de mantenerse unidos como agrupación en un momento muy
difícil.
En 1957 se desarticula la ENAE y se forma el Instituto
Nacional de Arte Dramático(INAD) y más tarde Instituto
Nacional Superior de Arte Dramático
(INSAD) que funciona en el habilitado Teatro La
Cabaña. Se encarga la dirección a Mario Rivera del Carpio y
posteriormente a Rubén Lingán, ex profesor de la ENAE y gran
animador de la primera época del Teatro de la Universidad
Católica. Durante esta etapa se perfecciona el currículo y
se da mayor peso a la expresión corporal con participación
de Trudy Kessel y a la Impostación de la voz con Carmen
Chávez. Son profesores Sebastián Salazar Bondy, Alejandro
Romualdo Valle, Luis Jaime Cisneros, Washington Delgado,
José Miguel Oviedo.
Como un esfuerzo singular de Rubén Lingán viene a Lima
Atahualpa del Cioppo y lleva a escena La Ópera de dos por
medio, de Bertolt Brecht y posteriormente, el director
español José Osuna pone en escena La Celestina, de Fernando
de Rojas en la versión abreviada de Casona y que tuvo como
protagonista a Elvira Travesí y grandes actores como Manuel
Delorio, Ricardo Blume, Alfredo Bouroncle.
Al doctor Lingán le sucede el funcionario Dimas Sáenz Meza,
período en que es llevada a escena Las Troyanas, de
Eurípides, en versión de Jean Paul Sartre y bajo la
dirección de Ernesto Ráez, como expresión del Teatro
Político de los setenta. También Ráez con sus alumnos lleva
por primera vez a escena una obra en quechua,
Hatun Llacta, desarrollada según los cánones de la
creación colectiva y dentro de un espectáculo titulado Perú,
problema.
En el período de gobierno del general Juan Velasco Alvarado
se hacen cargo de la dirección sucesivamente Alonso Alegría,
Arturo Nolte, Ernesto Cabrejos. En el año 1985 desempeña la
dirección Ernesto Ráez y Alfredo Ormeño. A fines de los
ochenta pasa a llamarse ENSAD (Escuela Nacional Superior de
Arte Dramático) y se incluye la especialidad de Pedagogía
Teatral.
A Ormeño lo continúa la actriz Ada Bullón Ríos, que había
sido directora de estudios y se perfeccionó en los Estados
Unidos alcanzando el grado de Máster of Arts. En esta época
el Municipio de Lima recupera el Teatro La Cabaña y la
Escuela funcionará en el sótano del Museo de Arte, edificio
en el que funcionaba el Instituto Nacional de Cultura. De
allí ocupará la Quinta Presa en el Rímac. También desempeñan
la dirección Arturo Villacorta, José Enrique Mavila y el
dramaturgo Juan Rivera Saavedra. El actual director (2008)
es Jorge Sarmiento y el local del Teatro La Cabaña donde
funciona ha sido devuelto a la ENSAD.
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Por el Maestro:
Ernesto Bernardo Ráez Mendiola
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En el proceso histórico del teatro en el Perú
destacan los esfuerzos colectivos que han hecho posible la
continuidad del quehacer teatral. Culminado, a comienzos de los
cuarenta, el periodo de las compañías de divos, se inicia el
movimiento de teatro independiente que, en su primera parte,
hasta fines de los s esenta,
es animado por agrupaciones de teatro de arte, cuya finalidad es
la de abrir el teatro peruano a autores de otros países y no
sólo de España, incentivar la creación dramática nacional y
proyectar esta actividad a un nuevo público. En su segundo
momento los colectivos siguen la línea llamada de teatro de
grupo, asumen lineamientos claramente políticos y se proyectan
hacia las poblaciones marginales, con obras de creación
colectiva. En una breve reseña como la presente es difícil
referirse al universo de instituciones que inauguraron rutas,
las fortalecieron e inspiraron en las nuevas generaciones una
conducta seria y responsable ante el hecho teatral, tanto en
Lima como en provincias. Por consiguiente, debe entenderse este
artículo como la introducción a un estudio más profundo de estas
instituciones teatrales. Trataremos someramente de algunas
agrupaciones limeñas, dejando las de provincias para otra
oportunidad. La fecunda labor de Marina Díaz, en Iquitos; del
Grupo Teatral Tacna; de la ANEA, de Arequipa; de Barricada, de
Huancayo; de la AAA y Algovipasar, de Cajamarca o de la Escuela
de Arte Dramático, de Trujillo, merece mayor espacio que una
simple mención.
La Asociación de Artistas Aficionados (AAA) fundada en 1934 a
iniciativa de jóvenes intelectuales como Elvira y Alejandro Miro
Quesada, Rosa Graña, la inolvidable Mocha, Corina Garland inicia
en Junio de 1938 su participación activa en la vida cultural del
país. La AAA, bajo la dirección de Ricardo Roca Rey lleva a
escena espectáculos en los atrios de la Catedral y de San
Francisco, y en las ruinas de Puruchuco. En su local del Jirón
Ica renueva la cartelera teatral limeña y estrena obras de los
más importantes dramaturgos contemporáneos como Pirandello,
Arthur Miller. No podemos dejar de mencionar el ciclo de teatro
griego y su preocupación por llevar a escena dramaturgos
peruanos. Precisamente con “Collacocha”, de Enrique Solari
Swayne, protagonizada por Luis Álvarez, realizó una gira que
comprendió Chile, Uruguay y México. Pero, sin lugar a dudas lo
más significativo de su labor se da en el conjunto de actores y
actrices a quienes ha entregado la posta de un teatro serio y de
calidad. Se continúa esta tradición a través de la labor en los
sesenta de Ricardo Blume en el Teatro de la Universidad Católica
(TUC), que se proyecta hasta nuestros días, y en grupos como
Telba, de los setenta, Ensayo y Alondra, de los ochenta.
El Sindicato de Actores del Perú, fundado por el actor Carlos
Revolledo el 13 de Octubre de 1945. es nuestra más importante
agrupación gremial. Actualmente se denomina Sindicato de
Artistas Intérpretes del Perú (SAIP) y su Secretario General es
el dramaturgo Juan Rivera Saavedra. En la dos últimas décadas
del siglo pasado se forja la Asociación Nacional de Intérpretes
y Ejec utantes
(ANAIE), institución encargada de cautelar los derechos de autor
de los artistas intérpretes y ejecutantes, que actualmente
dirige Enrique Victoria.
Por Decreto Supremo del 25 de Enero de 1946, es creada por
iniciativa del Ministro de Educación, Jorge Basadre, la Escuela
Nacional de Arte Escénico (ENAE). Comienza a funcionar bajo la
dirección de Edmundo Barbero hasta Julio de 1949. Continúa la
gestión Guillermo Ugarte Chamorro que abre el teatro peruano a
la corriente del teatro latinoamericano que impulsara el chileno
Pedro de la Barra y recibimos la visita del Teatro de la
Universidad de Chile y del Teatro de la Universidad Católica.
Durante la visita del TUC de Chile Fernando Colina difunde las
técnicas del mimo en nuestro medio, labor que continuará Juan y
Carmen Piqueras, Jorge Acuña, Juan Romero Sovero y Juan Arcos,
entre otros.
Por iniciativa del doctor Manuel Beltroy, el Teatro
Universitario de San Marcos (TUSM) inició sus actividades el 5
de Julio de 1941, en el Teatro Segura, con el estreno de El
Emperador Jones, de Eugenio O´Neill, dirigido y protagonizado
por Hugo D´Avieri. En 1958, el doctor Guillermo Ugarte Chamorro,
considerado uno de los más destacados historiadores del teatro
peruano y latinoamericano, es encargado de su conducción. El
TUSM anima la vida teatral no sólo con espectáculos de difusión
a colegios e instituciones y montajes de clásicos como Calderón
De la Barca, también sostiene Talleres de Formación de Actores y
publicaciones regulares de Estudios sobre el teatro peruano y
universal.
Llegados a Lima como una delegación de intercambio con la ENAE,
un grupo de jóvenes argentinos entre los que destaca Reynaldo
D'Amore va a fundar el Club de Teatro de Lima, en 1953.
acompañado de distinguidos intelectuales peruanos como Sebastián
Salazar Bondy. En su local del sótano del cine Le Paris en La
Colmena, de Lima, y actualmente en 28 de Julio en Miraflores
realiza espectáculos experimentales importantes como los de
teatro circular, con el estreno de “Llegada de Noche”, de Hans
Roth, dirigida por David Stivel, proyecta acciones de promoción
teatral como el Plan de los Teatros Piloto, escenifica obras que
causan escándalo en la Lima pacata como “Eva no estuvo aún en el
Paraíso”, de Estela Luna. De sus talleres de formación han
egresado destacados actores y actrices de nuestra escena.
Homero, teatro de grillos, simplificado por la historia como Los
Grillos es el grupo que lleva escena la obra de Estela Luna,
dirigida por Sara Jofré. Los Grillos r ealizan
una fecunda cruzada en pro del resurgimiento del Teatro para
Niños, publican 4 tomos de Vamos al teatro con los Grillos, una
colección de diez tomos de obras de teatro peruano y otras
ediciones. A iniciativa de su fundadora se comenzaron a realizar
las Muestras de Teatro Peruano.
En 1957, los hermanos Tulio, José, Carlos y Mario Velásquez
acompañados de los más destacados actores del momento como Lucía
Irurita, Carlos Gassols, Haydée Orihuela, fundan el grupo Felipe
Pardo y Aliaga, que luego se denominaría Histrión, teatro de
arte, uno de las agrupaciones más importantes de los sesenta,
que lleva a escena excelentes montajes de obras peruanas y
extranjeras como Santiago el Pajarero, de Julio Ramón Ribeyro,
El fabricante de Deudas, de Sebastián Salazar Bondy, y La Chicha
está fermentando de Rafael del Carpio-Carlos Velásquez. Sergio
Arrau dirige Seis Personajes en busca de autor, de Luigi
Pirandello y Persecución y Asesinato de Jean Paul Marat
interpretado por los locos del manicomio de Charenton dirigidos
por el marqués de Sade (Marat-Sade), de Peter Weiss, a nuestro
parecer el mejor montaje de teatro peruano en el Siglo XX:. Uno
de sus últimos montajes memorables fue “El Alcalde de Zalamea”.
Aurora Colina en Miraflores abre el Cocolido desde donde
realizaría incansable labor de difusión y formación que se ha
continuado con la habilitación en el mismo espacio del circo La
Tarumba, que alientan Fernando Zevallos y Estela Linares. Myriam
Reátegui Espinoza funda el Centro Cultural Nosotros, iniciando
la línea de Centros Culturales dirigidos al servicio de
maestros, niños y centros laborales. Directora de CREART,
revista de arte y espectáculos, ha organizado tres Festivales
Internacionales y realizado Seminarios permanentes sobre El Niño
y el Arte, Recreación Infantil y Juvenil, Técnicas Modernas de
Expresión Corporal, El Niño y la Comunicación. Bajo su
conducción la ASSITEJ en el Perú y la Asociación Nacional de
Drama/Teat ro
y Educación (ANDE: Perú) afiliada a la International
Drama/Theatre and Education Association (IDEA) mantienen
permanente labor de promoción del teatro y sus relaciones con la
educación.
Iniciando la década del setenta Mario Delgado y Miguel Rubio y
Teresa Ralli fundan Cuatrotablas (1970) y Yuyachkani (1971)
respectivamente. De acciones y concepciones polarizadas en un
comienzo por razones de pensamiento político, han aproximado sus
inquietudes y hoy son, conjuntamente con el Teatro de la
Universidad Católica, instituciones señeras que proyectan su
labor en pro del crecimiento permanente de nuestro teatro.
A comienzos de 2008 en que amplío esta síntesis se mantiene la
actividad del MOTIN y de los Talleres Nacionales de Teatro.
Importante labor realiza la especialidad de Teatro del Programa
de Comunicaciones de la Universidad Católica establecida durante
el decanato de Luis Peirano. Destaca el serio crecimiento del
TUC y su Escuela de Formación Teatral. La sucesión fiel de los
Festivales del Instituto Cultural Peruano-Norteamericano como el
Internacional de Títeres que este Enero ha culminado VIII
versión y el de Mimo que ha cumplido igualmente su segundo año.
El ICPNA, conducido culturalmente por Fernando Torres, mantiene
estrechas relaciones con los grupos de danza y Ciclos Anuales de
lectura de Obras de teatro peruano y universal que dirige desde
hace seis años Maura Serpa. Han ampliado el horizonte teatral ,
los festivales descentralizados en Pueblos Jóvenes, el apoyo del
Centro Cultural Peruano Español a Ciclos como NITANSOLOS,
internacional de unipersonales que promociona el grupo Arlequín
y Colombina que se proyecta a su quinta edición, sin contar los
que en provincia se vienen realizando y en los pueblos jóvenes
como el FITECA, producto de la labor de Janet Gutarra y la Gran
Marcha. La Universidad Ricardo Palma en su bello local céntrico
de la Avenida Arequipa ha abierto el Centro Cultural Ccori
Llacta, donde ha llevado a cabo Festival Internacional de
Títeres y de Teatro Experimental que ha prometido mantener como
bienales. Por el momento la presencia de Iván Rodríguez y de
Manuel Pantigoso garantiza el cumplimiento de esta promesa.
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